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DescripciónNada alegra tanto al alma como dar el SÍ confiado y definitivo al llamado de la fe y proyectar una mirada luminosa de fe sobre los avatares cotidianos. Sin temores, sabiendo que, como decía san Pablo, "en los que aman a Dios, todo contribuye para el bien".
Tener fe es descansar en Dios, abandonar nuestra pobreza en su infinita sabiduría y animarse a andar por la vida "sin bolsa ni alforjas", confiados en que, si nosotros aportamos el agua, el Señor proveerá el vino.