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DescripciónHoy la Iglesia continúa hablando del Diablo, pero ya no tanto del demonio. Sigue preocupada por las tentaciones, pero lentamente ha ido abandonando su creencia en las posesiones.
Nadie puede introducirse por la fuerza en el interior del hombre. Sólo existe el Diablo, es decir, el mal, y su accionar se reduce, a lo sumo, a la tentación, a la propuesta de caminos pecaminosos, a insinuaciones desviadas. Jamás lo hará por la fuerza. Y basta que uno se mantenga firme en su "no", para vencerlo. Es más: aunque no siempre lo parezca, ya ha sido definitivamente vencido gracias a la presencia de Jesús en este mundo. Él mismo lo dijo: "He visto caer a Satanás desde el cielo como un rayo" (Lc 10, 9).